La escalada: más que un deporte
Cuando pienso en la escalada, no puedo evitar contemplar mucho más que "la adquisición de saberes, métodos, materiales y herramientas específicas" y la simple acción física de trasladarte a la roca, ascenderla o construir un escenario artificial desde el cual desarrollar destrezas motrices para ascenderla. La escalada se revela como un diálogo íntimo entre el espacio y el objeto, la intensión del desafío, el cuerpo-mente, un encuentro complejo con la vida y, a la vez, una metáfora de sí misma. Una práctica que se sentipiensa a sí misma también, pues es así (solo así) como puede realizarse, y para entender esto hay que escalar alguna vez en la vida. En este sentipersar reflexivo y permanente, deseo compartir cómo esta práctica, que a menudo se reduce a una actividad deporte, se convierte en una experiencia creativa y transformadora, desde el movimiento que invita al encuentro y diálogo con nuestros interiores, en relación siempre con aquello que también nos conforma y constituye: nuestros entornos y circunstancias, internas, externas e ideológicas.
Escalar es encuentro
Desde los 16 años de edad conocí de escalada, después a los 21 fui a ésta en busca de sentido, con una mirada que estaba construida desde un lente que devela solo los resultados, los productos, los finales, cursaba la universidad y existir era inducido a una vida de producción, eficiencia, competencia y jerarquías.
Mis primeros acercamientos revelaron que escalar me colocaba en el miedo al fallo, la búsqueda del logro, alcanzar la cima, demostrar que yo estaba "sobre ella", se plantea como una escena "idónea" para fortalecer los paradigmas de la eficiencia, el capital, el régimen meritocrático, desarrollar la capacidad de resolución de problemas, la estrategia con los mínimos recursos, la individualidad; como si fuera un adiestramiento especial para ser parte de esta forma de leer la vida.
Este sesgo ideológico, me llevó a descubrir que cada movimiento, cada decisión tomada en la pared, es un acto de intensión, destreza, capacidad, foco y confianza (aun qué no era suficiente, "algo siempre hacía falta"). La escalada exige(demanda) una atención plena, donde se experimenta el presente (se habla de tiempo) y el espacio se reduce a lo que el cuerpo percibe, siente, y cree de uno mismo para ir hacia el siguiente movimiento (eficiencia). Esta práctica, que a simple vista (porque es lo que valida dicho régimen: "lo que se ve") podría parecer una mera actividad física, se convierte en un ejercicio de paciencia y perseverancia, donde el cuerpo se adapta y la mente se fortalece (si se sigue su análisis desde los criterios antes mencionados, siempre llega a las mismas conclusiones, los mismos sitios, las conquistas).
En ese sentido, la escalada no solo desafía la fuerza muscular (ámbito operativo), sino que también pone a prueba la capacidad de resolver problemas (ámbito laboral), de anticipar movimientos (ámbito empresarial) y de gestionar el miedo (ámbito sociocultural o bélico). La conexión con el entorno natural, con la textura de la roca, con el viento y la luz, añade una dimensión estética y sensorial que enriquece la experiencia(romantizada). Así, la escalada se transforma en un acto poético(?), donde cada ascenso es una historia. Esto refuerza la noción de que por practicarlo ya se "llega al olimpo", lo cual es falso. Escalar te encuentra con eso, sí; para que lo notes, estés consciente. Escalar te encuentra con que no es suficiente "estar consciente", o "tener las habilidades", o "desarrollar las destrezas"; no es suficiente para "ser suficiente"(ámbito personal), y es aquí donde te encuentras con aquello que subyace a esas nociones de éxito, de conquista, de "colonialidad del ser-estar-hacer. Allí; es donde se dio mi "encuentro" con la escalada, donde escalar dejó de ser solo una actividad socialmente validada para fortalecer el cuerpo y modificar su apariencia o favorecer su eficacia y eficiencia.

La importancia del aprendizaje y la comunidad en la escalada
En mi experiencia, uno de los aspectos más valiosos del deporte de escalada es la comunidad que se forma alrededor de esta práctica. Más allá de la competencia o el logro individual, la escalada fomenta la colaboración sin invadir lo íntimo, el apoyo mutuo corresponsable y el respeto por el entorno y por las otredades y sus posibilidades. Aprender a escalar implica también aprender a escuchar, confiar y a comunicarse, a compartir conocimientos y a celebrar los desafíos, los proyectos, las dudas, los métodos, los procesos.
Además, el proceso de aprendizaje complejo es fundamental para disfrutar plenamente de la escalada. La seguridad es un pilar esencial, y por ello es indispensable formarse con instructores calificados y practicar con responsabilidad. Esta disciplina y compromiso se tornan necesarias para preservar la propia vida, fortaleciendo valores que trascienden la pared y su conquista o trayectoria, apariencia o forma, tipo o clase.

Más allá del deporte: la escalada como experiencia pedagógica
Finalmente, quisiera destacar cómo la escalada está cruzada por múltiples discursos desde los cuáles puede ser un vehículo para la formación de personas con miradas sesgadas según el régimen y la cultura dominante, especialmente en contextos donde el arte y la naturaleza se entrelazan artificiosamente para generar formas de expresión y aprendizaje que favorecen al mismo sesgo y privilegian solo a ciertas clases sociales. En este sentido, la escalada no solo es un deporte, sino también una práctica que invita a la reflexión sobre nuestra relación con el sistema, los entornos, con la corporalidad y con las comunidades y sus accesos a las formas de experimentar la vida.
Espero que esta reflexión te haya acercado a la escalada desde una mirada más amplia y profunda, y que te inspire a descubrir en ella no solo un desafío físico, sino una fuente de encuentro, diálogos, aprendizaje y conexión con tus entornos y sus otredades.



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