Escalar como dibujo: Un Encuentro entre el pensamiento gráfico y la escalada en bloque
En el universo del arte y deporte, la escalada posibilitó puentes sutiles entre la experiencia, las memorias de ésta y el lenguaje visual, sentir+pensar+haciendo, cuerpo+mente+performance.
Escalar es una actividad, que desde una primera impresión podría concebirse solo deportiva, pero se convirtió en una fuente nutritiva de inspiración, desafíos y creatividad que se consolida en actos poéticos que trascienden la materialidad de los resultados y ascensos para ubicarse en el terreno lingüístico, simbólico y estético.
Escalar, entre otras cosas; genera desplazamientos en el espacio-tiempo que me aparecieron como trazos dibujísticos suspendidos entre el entorno, el cuerpo y la roca o el muro. Los cuáles me llevaron a la necesidad de capturarlos y analizarlos desde las estructuras de pensamiento que posibilitan los procedimientos y técnicas artísticas, particularmente, los procedimientos gráficos del dibujo, la impronta y la fotografía.
Dibujar y escalar: el ascenso, los intentos, la memoria cuerpo.
Dibujar y escalar son dos actividades que, aunque aparentemente distintas, comparten un profundo vínculo en la experiencia estética. Ambas requieren destrezas y habilidades físicas y técnicas, también una conciencia del cuerpo y sus posibilidades. Dibujar, por un lado, dialoga entre el soporte los materiales y la intención del dibujante (simbólica, representacional, gestual, etc.), mientras que escalar confronta la corporalidad (cuerpo/mente), el entorno (roca/muro), y la elección consciente del ascenso (performance), ambas, dibujar y escalar; implican un desafío físico, emocional y experiencial que confronta los límites del cuerpo/materiales, la percepción de lo que se hace y sus resultados o repercusiones.
El ascenso como trazo
El ascenso, ya sea en el contexto natural o en el desarrollo artístico, simboliza un trayecto hacia un punto predeterminado (connotando una metáfora del éxito, la conquista de, el logro del objetivo, la superación personal) el paso de A hacia B o a C o hacia cualquier otro punto. En el dibujo, el ascenso puede hacer referencia al proceso de representar, trazar, marcar, señalar; también hacia esas mejoras en la técnica, en la destreza, de representación mimética, o abstracta, o aprender a comunicar la esencia de un objeto o una entidad en el soporte (papel, cartón, lienzo, arena, etc.). Cada trazo se convierte en un avance hacia una comprensión ulterior de la experiencia, de la pendiente o desplome, la apariencia, la solidez, forma, textura o color, y cualquiera de las sutilezas que componen la realidad.
Por otro lado, en la escalada, el ascenso es un acto físico que requiere destreza, fuerza, resistencia, pericia, balance, precisión y una estrategia cuidada que gestione los riesgos reales que le caracterizan en cada caso. La ruta de escalada presenta sus propios desafíos físicos, técnicos y psicológicos; la o el escalador debe aprender a interpretar y leer la roca, a encontrar estrategias con los puntos de apoyo que la ruta tiene, para gestionar sus destrezas y capacidades de manera que, le posibiliten a superar el miedo, sus dudas y la concatenación de los movimientos necesarios para llegar al siguiente lugar (la cima, la chapa, el anclaje, el reposo, etc.). Estas experiencias "ascenso", ya sea en la creación artística o en la montaña, están plenas de intención, interrogantes, perseverancia y la voluntad de aprender, de intentar, de fallar, caer. Mucho más allá de solo enfrentar obstáculos, descifrarlos y superarlos como sentido único de la vivencia, como si fuésemos máquinas de producción de éxitos, logros y resultados; dejando de lado la completud de la experiencia creativa y vital que ofrecen las artes y el deporte.
Los intentos
Los intentos son una parte fundamental de cualquier proceso de aprendizaje, creativo, intelectual, emocional o físico. En el dibujo, cada trazo, cada gesto o marca, es una pregunta, un ejercicio intencionado de plasmar, de dar forma, de figurar una percepción, una idea o pensamiento y las emociones en el soporte (papel, tela, etc.) su valor se consolida entonces en materializar eso que "intenta" más allá de resultar en una obra maestra o no.
En la escalada, de manera similar al dibujo, pero usando al propio cuerpo para trazar probamos sostener una postura desde los agarres y pisadas de la toca o muro, acomodamos el cuerpo para desplazarnos hacia los siguientes, balancear y distribuir pesos, reajustar las tensiones, componer movimientos y concatenarlos entre sí, sabiendo que solo resolviendo cada uno de ellos, con sus tonos y matices cinéticos se posibilitará la transición entre éstos y esa trayectoria hacia ese lugar de llegada al cual nos dirigimos, o intentamos llegar.
Cada intento nos enseña, nos actualiza el bagaje de movimientos o gestos aprendidos. Escalar está en el hacerlo mientras se desplaza el cuerpo sobre la superficie de la roca o del muro, no cuando se llegó a alguna cima; de igual manera que se dibuja cuando se traza no cuando se dio forma o figuración a un algo.
La memoria cuerpo
La memoria corporal es un concepto fascinante que se refiere a la capacidad del cuerpo para recordar y reproducir movimientos complejos sin necesidad de que intervenga la razón. En el dibujo, la memoria corporal se manifiesta en la forma en que una persona artista puede realizar líneas o figuraciones muy complejas de una manera casi automática sin mayor planificación o estructura. Esta memoria se desarrolla a través de la práctica consciente de la performance que implica el dibujar, no solo de lo que se representa o logra figurar. Lo que permite al artista fluir en su dibujo sin tener que pensar conscientemente en cada trazo.
En la escalada, la memoria corporal es vital. Los escaladores desarrollan una conciencia profunda de su cuerpo y de cómo se mueve en relación con la roca, cuerpo habitado y cuerpo habilitado. Con cada intento, el cuerpo aprende, ajusta, se adapta, construye equilibrios, balances, tensiones necesarias; se mueve entre desplazamientos y emplazamientos precisos que son esenciales para ascender.
Conclusión
Dibujar y escalar son prácticas que trascienden la mera ejecución técnica; son un viaje que trasciende solo hacia el autodescubrimiento y superación tan vendidas y manoseadas actualmente. A través de los intentos y el aprendizaje permanente, las y los artistas escaladores encuentran un espacio donde pueden explorar y cuestionar límites, expresar y desarrollar su creatividad y, conectar con algo que les trasciende a sí mismas y a sí mismos.
Cuando reflexiono sobre la relación entre el arte y el deporte, me doy cuenta de que ambas disciplinas comparten lenguajes y dispositivos: el cuerpo, el arte. Sin embargo, espero haber aclarado que, no se trata únicamente de la instrumentación del cuerpo como objeto o herramienta de, sino como espacio de re-flexión cognitiva, psíquica, experiencial y pedagógica.




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